Moisés: El llamado a un hombre inseguro y con limitaciones

A menudo pensamos que los grandes líderes bíblicos fueron personas seguras, valientes y sin temor. Pero la historia de Moisés nos muestra todo lo contrario: Dios llama a personas comunes, con debilidades reales, dudas sinceras y temores profundos, y los prepara para cumplir un propósito eterno.

Un comienzo marcado por el peligro

Desde su nacimiento, la vida de Moisés estuvo rodeada de peligro. El faraón había ordenado matar a todos los varones hebreos recién nacidos (Éxodo 1:22), pero su madre lo escondió durante tres meses, y luego lo colocó en una canasta en el río Nilo (Éxodo 2:1–10). Fue rescatado providencialmente por la hija del faraón y criado como príncipe egipcio.

Aunque Moisés creció con todos los privilegios del palacio, su identidad hebrea permanecía viva en su corazón. Un día, al ver cómo un egipcio maltrataba a un hebreo, lo mató y huyó a Madián, temiendo por su vida (Éxodo 2:11–15). Allí, empezó una nueva vida como pastor. Por 40 años, estuvo lejos de Egipto… y lejos de lo que pensaba que era su propósito.

Un encuentro inesperado: Dios llama a un hombre inseguro

A los 80 años, cuando muchos ya estarían pensando en retirarse y descansar, Dios llama a Moisés desde una zarza ardiente (Éxodo 3). Le encomienda una tarea monumental: liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.

Pero Moisés no responde con entusiasmo. Al contrario, comienza una serie de objeciones que revelan su inseguridad:

“¿Quién soy yo para ir al faraón?” (Éxodo 3:11)

“¿Y si no me creen ni me hacen caso?” (Éxodo 4:1)

“Nunca he sido hombre elocuente… soy torpe para hablar” (Éxodo 4:10)

“¡Señor, por favor, envía a otro!” (Éxodo 4:13)

Moisés duda de sí mismo, de su capacidad, y hasta del plan de Dios. Pero es aquí donde vemos lo más importante: Dios no lo llama por ser capaz, sino que promete estar con él. “Yo estaré contigo”, le dice el Señor (Éxodo 3:12). No importa quién sea Moisés. Lo que importa es quién está con Moisés.

Un proceso de preparación silencioso

Dios no solo llama, también prepara. Durante los 40 años en el desierto como pastor, Moisés fue moldeado en carácter, paciencia y humildad. Aprendió a guiar ovejas, lo que más tarde le serviría para guiar a un pueblo entero. El hombre que antes actuó con violencia impulsiva, ahora escucha, obedece y espera.

Dios incluso responde a su limitación para hablar dándole a Aarón como apoyo (Éxodo 4:14–16), mostrando que el llamado no significa hacerlo todo solo, sino depender de Dios y aceptar su provisión.

Guiado paso a paso, no por su fuerza, sino por Dios

A lo largo de su liderazgo, Moisés se enfrentó a desafíos enormes: plagas, resistencia del faraón, un pueblo rebelde, hambre, guerras, idolatría… Pero cada paso fue dirigido por Dios. Cuando no sabía qué hacer, oraba. Cuando el pueblo dudaba, él intercedía. Cuando se sentía abrumado, Dios lo sostenía.

La vida de Moisés es prueba de que Dios no llama a los más fuertes, sino que fortalece a los que llama.

Lecciones para nosotros hoy

1. Dios puede llamarte incluso en tu debilidad. No necesitas ser perfecto ni tener todo resuelto.

2. La preparación toma tiempo. A veces los desiertos son parte del plan de Dios para formarnos.

3. No estás solo. Dios te equipa con personas, dones y su presencia para lo que te pide hacer.

4. La inseguridad no descalifica tu llamado. Lo importante no es lo que tú puedes hacer, sino lo que Dios puede hacer a través de ti.

Conclusión

Moisés no fue llamado porque era fuerte, valiente o elocuente. Fue llamado porque Dios tenía un propósito y decidió cumplirlo a través de un hombre con miedo, dudas y limitaciones. Así es como obra Dios: elige lo débil para mostrar Su poder.

Si alguna vez has sentido que no eres suficiente, recuerda: Dios no busca personas perfectas, sino corazones dispuestos. Así como con Moisés, Él también tiene un propósito contigo.

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